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BARBIROTTO CONTUNDENTE

Barbirotto: “En Paraná, la edad promedio de contacto con las droga es de 11 o 12 años”.

El doctor Pablo Barbirotto, Juez Penal de Menores de Paraná, en los estudios de “Esto no es TV” – Radio La Voz, comenzó en primer lugar por analizar la cuestión cultural de la auto – percepción del poder Judicial: “Desde lo sociológico, tiene todo que ver. Como el uso del término “Su Excelencia”, “Su Señoría”, que no son términos que se usen en la actualidad. Otra cuestión que tiene que ver con las salas de audiencias, donde el juez está por encima de las partes, o de los Fiscales. Son todas cuestiones que se tienen que modificar con el tiempo, desde adentro de la estructura del Poder Judicial”.

En cuanto al juicio por jurados, Barbirotto indicó que el mismo “implica una democratización del Poder Judicial, principalmente porque la ciudadanía se va a poner en el lugar de juzgar, cuando antes solo exigía a los jueces ese rol. Antes, ante un accidente de tránsito, por ejemplo, se comenzaba a pedir explicaciones de por qué se dejaba libre. Pero en la práctica, se puede ver que los jurados muchas veces condenan menos que los jueces técnicos, porque toman en consideración otro tipo de circunstancias que también tienen que ver con el hecho”.

“También me parece interesante, que no lo tiene Entre Ríos, pero sí Córdoba, el juzgar delitos de corrupción. Me parece que estos delitos deberían ser juzgados por un jurado popular, principalmente con los cargos electivos, y ante la posibilidad de que la confianza del elector sea defraudada”, añadió el magistrado, en los estudios de “Esto no es TV”.

Sobre la ley procesal penal para menores – comentada – que saldrá a la luz en los próximos días, Barbirotto indicó: “antes, la única respuesta ante un hecho penal era el encierro, y muchas veces el hecho en sí no se investigaba. Ahora, desde todos los aspectos se trabaja con un menor de edad ante un hecho delictivo”, comenzó explicando Barbirotto.

“Estamos trabajando en una ley comentada de estas modificaciones, para explicar desde los autores qué es lo que se buscó en cada artículo”, indicó el letrado. “El principal objetivo es reinsertar a esa persona a la sociedad, y con una red importante, tenemos un muy bajo nivel de reincidencia en este caso. La primera edición de este trabajo va a ser a beneficio de la institución Suma de Voluntades, una ONG que está trabajando muy bien en la ciudad”.

“Se trata de chicos que muchas veces no tienen contención familiar, que han estado solos toda su vida. Por eso, primero buscamos qué es lo que pueden hacer. Con muchos chicos estamos trabajando en huertas, y eso mismo se vende en los barrios. Con esto logramos generar, más que nada, autoestima. Se le muestra que es una persona que sirve, que tiene mucho para dar, y que lo que hace, es útil para los demás y para darle de comer a chicos del mismo barrio. Esa es la importancia de trabajar de manera artesanal. Y con esto de donar lo recaudado a las instituciones de bien público, el mensaje claro es que estamos trabajando en la prevención”.

Según el juez, “muchos chicos tienen sus derechos vulnerados, y más cantidad aun, el acceso al consumo de drogas. En la ciudad, el acceso a las drogas, promedio, es de 11 o 12 años. Por eso, el circuito es importante que se analice para evitar el ingreso a este tipo de mundo. Antes también, los narcos no vendían en los barrios, y los chicos no robaban a los vecinos. Cuando el narco rompe este código, los chicos también”.

“La droga de ingreso son los psicofármacos combinados con alcohol, a los que los chicos le ponen ingeniosos nombres, como la Renoleta, a la mezcla de Rivotril con alcohol”, develó Barbirotto. “Por eso tenemos que trabajar en el tema de la captación. Se ven chicos, de a 10, de a 20, en la esquina. A estos chicos se los capta con música, o con una playstation. Luego, para acceder a estas sustancias mágicas, se hace necesario el delito”.

“Para que se entienda más claro: siendo defensor, un sábado a las 2 de la mañana, me llama minoridad. Teníamos un chico de 16 años que no podían contener, y se azotaba en las rejas. Llegué al lugar, intenté hacerle entender que yo era su defensor. No hubo forma… tuvo que venir un médico para estabilizarlo… me dijo la jueza que la audiencia iba a ser el lunes… se lo acusaba de una tentativa de homicidio, había comprado droga, y luego fue y baleó al narco”.

“El lunes, una persona entra a la sala, con gel, impecable. Le pregunto si se acordaba de mí, de qué había pasado. Nada. Ahí comenzamos a charlar. Le decían Tuqui… le pregunté qué había tomado… y el chico me explica algo que quizá un médico no me sabía explicar… me dice que lo que Popeye sentía cuando tomaba espinaca, a él le pasaba al ingerir determinada sustancia con alcohol… que sentía que podía hacer cualquier cosa”.

“Este tipo de sustancias son las que más se consumen, porque son de fácil acceso. Pero hemos tenido casos en los que los vecinos los han corrido por haber entrado a robar… pero esos chicos no se acuerdan, por el efecto de lo que consumen”, añadió Barbirotto. “Por eso, hablamos de un problema de salud mental. La contención que no tienen en la familia, los chicos la buscan en las sutancias. Y lo peor, es que es más fácil de conseguir de lo que se piensa. Cualquier chico puede conseguir alcohol en un quiosco, y nadie interroga sobre eso”.

“Basta con ir a la Costanera, y ver a los chicos en estado lamentable… y al comerciante, le conviene más pagar una multa que no venderles alcohol. Por eso tendríamos que trabajar en un registro para la venta de alcohol, en cabeza del comerciante. Y si transgrede… no puede comprar más”.

“Y cómo consiguen Rivotril? Es bajo receta… y la respuesta me la dieron los mismos chicos… se los dan en las cárceles a los presos. El preso lo guarda, se lo da al familiar, y lo sacan para venderlo en el barrio. O también en algunos centros de salud, a veces queda el sello de algún profesional”, develó el abogado en los estudios de Radio La Voz.

El juez continuó: “la vedette de esto es el robo de teléfonos celulares. Una vez acompañé a un chico, saliendo de Tribunales… caminando… dimos la vuelta y vio una chica mandando un mensajito de texto…. Me dijo que él no veía eso como un teléfono, sino como una posibilidad de conseguir droga… todo es para conseguir… es todo un negocio, un circuito, porque el que roba no tiene cargadores… ni forma de desbloquearlo. Y son teléfonos de 30, 50 mil pesos… es lo que se ve hoy en la ciudad de Paraná. Y no es teoría: es lo que manifiestan los chicos”.

“Tenemos que trabajar en un sistema de fortalecimiento de derechos, con un organismo fuerte y con recursos como debería ser el Copnaf. En otras provincias, a las 13 se termina la protección. El sistema penal llega tarde, cuando el resto de las instituciones que debieron haber intervenido, no lo hicieron. Todos somos parte de un problema que no queremos ver”, indicó Barbirotto.

“A partir de los 16 años de edad, las personas son punibles, aunque no son las mismas penas que un adulto. Cuando detienen a un menor de edad, hay 4 policías, y se sigue resistiendo. El adulto, está tranquilo. Un chico de 15 años, en cualquier lugar de Argentina, lo detienen y lo internan. Y al juez, no le importa nada, y lo puede encerrar el tiempo que quiera. Pero no puede tener la misma pena, un adulto que un menor, porque una pena de 7 años para un joven, puede ser la mitad de su vida. Lo que entiende la psicología es que hay muchas más posibilidades de modificación en la conducta, y por ende, penas largas no generarían ningún tipo de posibilidad de resocialización”.

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Fuente: lavoz
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