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OPINIÓN

Claudio Chaves:
¿Casta o élite?

Por Claudio Chaves

El Presidente de la Nación acaba de meter el dedo en la llaga. Al menos al poner en palabras una de las mayores inquietudes y malestares de la sociedad argentina. Tomó al toro por los cuernos…y lo dejó. Veremos entonces qué pasa en el tiempo por venir.

Aseguró enfáticamente, en vísperas de la Navidad, que ¨no hay una casta política¨, que es incierta esa ocurrencia y que esos discursos y opiniones atentan contra la democracia. Redobló la apuesta, como siempre hace el kirchnerismo, y aseguró que los ¨que estamos un poquito mejor¨ debemos poner el hombro. Claro, no se refiere a los políticos que están muchísimo mejor, sino a los sectores productivos que deberán pagar los dislates de 12 años de kirchnerismo (entre el 2004 y el 2014 los empleados públicos en todos los niveles, intendencias, provincias y gobierno nacional aumentaron en un millón y medio sin contar entes descentralizados, amén de los jubilados sin aportes) y luego cuatro de macrismo que en el mes de octubre solamente nos regaló cuarenta mil empleados públicos más.

Luego dijo que buena parte de los sueldos de los políticos van a merenderos y comedores. ¿Hay que creerle a quien dijo que iba a poner plata en el bolsillo de la gente? ¿Tiene estadistas, números? ¿O es una percepción? Hasta que no tengamos datos duros, lo dicho por el Presidente es una defensa corporativa de la clase política, a la cual él pertenece desde hace muchos años. ¿Es malo esto? En principio no. Pero al paso que vamos los políticos se están transformando en enemigos del pueblo. Ver a uno y echarse a correr es una sola y misma cosa. Europa se halla bajo el mismo clima.

Afirmó, también el Presidente, que además de no ser una casta no tienen condiciones de privilegio. Bueno, llegado a este punto los saludos navideños asoman como una burla.

Las modernas y no tan modernas democracias van a tener que replantearse su funcionamiento porque el malestar crece en el mundo al punto de cuestionar, los pueblos, el sistema democrático y republicano. La casta burocrática soviética cayó por su inoperancia y la brutal desigualdad social en la que se vivía bajo un sistema, supuestamente comunista.

Occidente y la Argentina deberían poner las barbas en remojo. Los últimos acontecimientos ocurridos en hispanoamérica son apenas el preámbulo de acontecimientos más graves que vendrán si no se pone foco en el problema. Chile y Ecuador han sido apenas una advertencia.

Al solo efecto de poner algunos números que se desconocen, pues están protegidos bajo siete llaves, aunque no es muy difícil acercarse a ellos. Tanto el Cippec, Nueva Mayoría, Roberto Cachanosky y Alejandro Bianchi han abordado el tema sin dar un número exacto de los gastos políticos a excepción de Rosendo Fraga, quien en el año 2001 aseguraba que el costo de la política era del 2,5 % de los gastos generales del Estado. Hoy esto se queda corto. En los últimos años ha subido al 3% o 3,5 % según afirman distintos economistas, lo que al día de hoy importan entre ciento cincuenta mil millones y ciento ochenta mil millones de pesos.

Alberto Fernández asegura que de lo recaudado, producto del ajuste, volcará cien mil millones, en los desamparados. Resulta, entonces, que con el 50% del gasto político, según Fraga, estaríamos llegando a cubrir las necesidades del hambre. Sin embargo, hay más. Educación se lleva el 6% del PBI, si es cierto lo que afirma Juan Llach (Educación para todos) de que el 40% de ese presupuesto no va a las aulas ni a las escuelas sino que se queda en la áreas ministeriales de Nación y Provincias para planificadores y empleados administrativos innecesarios, resulta que del presupuesto del 2020 con solo la mitad de ese 40% se dispondría de sesenta mil millones de pesos más, al que se le sumaría lo ahorrado en política, tendríamos, entonces, solucionado el problema del hambre. ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Alberto? No creo. Hay que tener convicciones y poco trato con la runfla política. Y hay que subir al gobierno con un discurso muy claro y verdadero de lo que se pretende. Si no, ¿para qué aspirar al poder?

En el país hay 2234 municipios con sus respectivos Concejos Deliberantes y Directores de Área. Concejales no se conoce con certeza pero superan los 50 mil, más gastos reservados más sobre facturaciones que todos saben que se practican. No vaya a creer el lector que el único sobrefacturador serial ha sido Boudou. Todo huele a podrido en el país. Legisladores nacionales y provinciales suman 1525 con sus salarios, gastos reservados y de representación. Más empleados administrativos fantasmas del Congreso Nacional. Este despilfarro no puede continuar, la Argentina no está en condiciones de mantener una casta política de extracción social media enancada como sanguijuelas en el cuerpo herido de la pobreza estructural. Hay que fusionar intendencias pues son el ámbito donde se está dando el mayor despilfarro de dinero. Córdoba, Entre Ríos, Tucumán, entre otras son claros ejemplos de lo afirmado. Incluso retomar un viejo debate de unificar provincias. Con el brutal avance de los medios de comunicación es insólito contar con provincias tan pequeñas con enormes gastos de funcionamiento. Ya en la época virreinal las unidades administrativas de gobierno eran las gobernaciones intendencias que abarcaban varias provincias actuales. Su desmembramiento a partir de 1820 habla claramente de nuestro fracaso para conseguir en tiempo y forma la unidad nacional.

Un ejemplo grosero de los juegos de poder de esta élite se está dando en la provincia de Buenos Aires. El gobernador Axel Kicillof amenaza con no otorgarles una veintena de cargos a la oposición si no le aprueban su reforma que caerá sobre las arcas desvencijadas de los bonaerenses. La élite recibe cargos a condición de descargar sobre el pueblo las exacciones. Y esto dicho independientemente de lo que ocurra. Ni la centro izquierda, ni el peronismo en manos de ella, ni la oposición están en condiciones de abordar la gravedad del problema. Se trata, entonces, de crear una fuerza política que integrada al mundo, cargada de valores y con coraje cívico le plantee al pueblo argentino las limitaciones del país y las reformas necesarias que no afecten a los sectores productivos capaces de generar riqueza y sin abandonar a la pobreza estructural.

El autor es profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Autor de “El Perón liberal”, “El retroprogresismo”, “Un liberalismo criollo de Perón a Menem” y “La gestión escolar en tiempos de libertad”.

Fuente: INFOBAE Autor: Claudio Chaves
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