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COLUMNA

Horacio Riggi:
El coronavirus encontró a la Argentina en terapia intensiva

Por Horacio Riggi

El coronavirus le impuso al mundo un ritmo diferente. Lo que parecía impensado pasó. De repente todo se paralizó. Pero el abrupto freno de mano en plena recta, inmerso en la lógica terrenal y sensata de evitar la mayor cantidad de muertos, tiene y tendrá consecuencias económicas en el mundo y en la Argentina.

Ante este escenario, impensado, Alberto Fernández cumple los primeros 100 días de Gobierno. Si el presidente a principios de 2019 se veía como embajador en España y terminó apenas 11 meses más tarde en el sillón de Rivadavia, ni en sus sueños más terribles imaginó tener que enfrenar una pandemia que no deja de encapsular al planeta en un monotema y que, al mismo tiempo, genera una angustia en la población casi sin precedentes.

Si lo comparamos con un paciente enfermo, el mundo desarrollado es un joven atlético que igual se contagió el virus. Está enfermo pero sus posibilidades de recuperación son más rápidas. La Argentina, en cambio, no entra en este esquema porque en la misma comparación está lejos de ser un joven atlético. El país ya estaba en el hospital, había entrado a terapia con un cuadro complicado. Es un hombre que no está al borde de la muerte, pero tiene enfermedades crónicas que condicionan su recuperación rápida y efectiva. El diagnóstico indica que tiene más azúcar en sangre que lo normal, que su colesterol está por las nubes, es sedentario y además, está con estrés porque gana poco y gasta mucho. Por si esto fuese poco, el paciente Argentina no tiene una gran ayuda de su familia que quiere vivir como si el cuerpo del señor con dificultades fuera el del pibe atlético de 25 años.

Como se notará, el panorama no es muy alentador. La recuperación de la Argentina no depende de magos ilusionistas, depende de médicos racionales. Tampoco sirve cualquier receta. Las del endeudamiento directamente no están disponibles. Hoy estamos más cerca de "vivir con lo nuestro", la teoría del fallecido economista Aldo Ferrer.

Por eso el Estado jugará un rol más que importante. No hay ahorros, el mundo está cerrado y para tener dólares hay que vender más de lo que

compramos. En este sentido, no debe extrañar un plan de mayor emisión y control de precios. No hay muchas recetas posibles a la hora de tratar a un país que tiene que tener una dieta más estricta que los desarrollados. Se viene un país más cerrado, como también un mundo más cerrado, donde el Estado tiene la obligación de estar presente. El Estado es como ese padre protector que se le pide plata cuando no se accede al crédito bancario.

Todo, sin olvidar que somos un paciente de riesgo. Esa es la verdadera Argentina. Reconocer cómo estamos y por qué, es duro, pero al mismo tiempo es, tal vez, un buen síntoma de cara a la larga y lenta recuperación que nos espera.

Fuente: EL CRONISTA Autor: Horacio Riggi
COLUMNA

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