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SEMBLANTE DURO

Rubén Almara:
EL DESENLACE FATÍDICO DEL ASTRO PROPICIO.

Por Rubén Almara

Luego de leer los libros escritos por Bernardo Salduna, me imagino trazando un denominador común entre Anacleto Medina y López Jordán; valores como el honor, la pasión y la fortaleza como columnas que sostienen una forma de vivir y sentir la política. Si pienso a Raúl Alfonsín, me vienen palabras como lealtad, decencia y firmes convicción democrática.

Todas estas cualidades no tienen ninguna relación con el ex Vocal del STJER Bernardo Salduna. Según los testimonios de correligionarios, siempre se trató de un militante radical tibio y apático, en el que su sonrisa o enojo eran causados por un esfuerzo inconmensurable.

Durante su etapa de estudiante, militó en Franja Morada y al recibirse de abogado, empezó militar en el Movimiento Renovación y Cambio, agrupación clave que llevó a la Presidencia a Raúl Alfonsín.

De ese vergel de relaciones terminó como Diputado Nacional de 1983 a 1985, continuó como Director Nacional de la ex empresa Ferrocarriles Argentinos para luego volver a ser Diputado de 1987 a 1991. Y aquí viene el primer éxito del Ex Vocal, se jubiló con solo 46 años y como tal, hasta el 2000 ocupó cargos partidarios.

Su apatía y tibieza política garantizaban funcionalidad al poder. Aún recuerdan, que antes de asumir como Vocal del STJER, a propuesta de Sergio Montiel, su preocupación fue la jubilación de privilegio que había obtenido en 1991, la cual fue ordenada y adaptada a sus necesidades.

Y así fue su paso por el STJER, sin incomodar jamás al poder y sin gestión alguna, como tampoco un fallo trascendente ni mucho menos alguna pieza jurídica de referencia. Los gobernadores venideros sabían que contaban con su voto siempre que no le arruinaran el sueño de jubilarse con el 82 por ciento móvil.

Respecto a su faz escritor, siguen pululando por los pasillos de la facultad esos reproches que sucumben como “secreto a voces”; voces que consistían en que gran parte de los trabajos prácticos de los estudiantes habrían terminado en libros de su autoría.

Y como todo desenlace tiene su final, muchas veces decoroso y otras indigno. Este último, es el final de Salduna, en los pasillos de Tribunales del tercer piso se presenta como evidente el enojo por no poder cobrar su sueldo entero del mes de junio. Una fuente me dijo: “hubiesen hecho una banca sus colegas y le hubiesen dado la diferencia por los ocho días de junio que cobrará como jubilado”.

Un viejo vizcacha lo rotulo al ex Vocal como el “astro propicio” para resolver solo su interés. Nadie olvida en Tribunales lo testarudo e insistente que era su preocupación por su jubilación. Sus propios colegas huían de él porque era monotemático; su jubilación. Tal vez, ese sea un logro, no haber hecho la compensación y lograr que todos los entrerrianos y entrerrianas activos aporten al 82 por ciento móvil de alguien que solo fue; eso, un astro propicio de la nada misma que no soportaba ser.

Pero más allá de eso, al final, nadie sabrá bien los desenlaces, porque como todos saben, su senilidad era evidente y a pesar de los ratos conexión, era notable su alienación de la realidad, en el que muchas veces hasta se olvidaba donde se encontraba su casa.

También llama la atención y habla de su endeble moral, ¿Por qué no actuó antes? ¿Tanto tiempo en el poder real y nunca nada? Resulta que ahora se retira nuevamente con una jubilación de privilegio de la Caja de Jubilaciones que no le correspondería porque no compensó con la caja nacional, pero tiene el semblante duro y apático para subirse al pedestal de la moral construida por los sospechosos de siempre a dinamitar las instituciones. Hay que tener una suerte de valentía egoísta para alardear una vez que te aseguraron una jubilación de privilegio que no le correspondía, y más aún, enojado porque no cobró ocho días como activo.

Si algo siempre caracterizó al poder judicial fueron los valores de nobleza y la forma aristocrática de sobrellevar la adversidad. Este astro propicio redujo las formas y los valores del poder judicial al costo de solo ocho días.

Fuente: lavoz Autor: Rubén Almara
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