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Este año ya hubo 14 casos

El drama de los chicos que son baleados por la violencia en Rosario

El grito desesperado de Soledad Gómez se ahogó por el impacto de una bala. La adolescente de 13 años intentó advertir a sus amigos que hombres en moto recorrían el pasillo disparando. Un plomo le atravesó la espalda. Cayó en una zanja de Villa Banana, en la zona oeste de Rosario. En los primeros minutos del viernes 5 de abril se apagó su vida. Veinte días antes de su cumpleaños. Soledad estaba llena de sueños y de proyectos. Le gustaba jugar al fútbol en el playón del barrio, mezclándose en equipos mixtos. Era arquera, hincha de Boca. “Los chicos la llamaban para que ataje. No le metían ni un gol. Ella agarraba todo”, cuenta Yanina, una de sus tías.

La adolescente había ganado una beca para comenzar con sus estudios en la escuela que los Hermanos Maristas administran en el barrio. Sólo dos chicos habían sido elegidos. Y ella estaba feliz por eso. Este año cursaba juntos el sexto y séptimo grado, los dos últimos de la primaria. Y como toda adolescente de su edad proyectaba su cumpleaños de 15. En el celular guardaba fotos de vestidos. Elegía colores. Iba proyectando cuál podía ser el souvenir para la fiesta. Todavía no había definido el salón para la esperada reunión. “Para ella era un sueño”, la recuerda su tía.

Rosario era su nuevo hogar. El año pasado, en julio, llegó de visita por unos días a la casa de Yanina, su tía materna. Y ya se quedó. Venía desde la localidad de Puerto General San Martín, al norte de Rosario, donde aún viven su madre y sus cuatro hermanos. En su nuevo barrio se había hecho de nuevos amigos. Y sonreía, y jugaba, y vivía. Hasta que una bala asesina le dijo basta. A todo.

Su caso impacta, aunque es una postal que se repite en algunas zonas de la periferia de Rosario atravesadas por las peleas interpersonales, la inseguridad y las disputas entre bandas narco. Sólo este año son ya 13 los casos de chicos de entre 1 y 15 años heridos con armas de fuego, sumados al crimen de Soledad.

En el mismo ataque donde murió Soledad -o Pamela, como le dicen sus afectos porque Pamela Soledad era el nombre elegido aunque en el documento de identidad sólo quedó registrada como Soledad Gómez- fueron heridos dos amigos de la chica, también adolescentes: un plomo le desgarró el rostro a Celeste (13) y otro le impactó en la zona lumbar a Kevin (14). El pibe permanece postrado y sus familiares esperan que pueda volver a caminar con normalidad.

La ciudad que descansa recostada sobre un majestuoso río marrón convive con esta cruenta realidad. Los chicos baleados son una arista más para aproximarse al fenómeno de la violencia urbana. Los 1.263 crímenes registrados en el Gran Rosario entre 2013 y 2018 son, quizás, la evidencia más visible. Esa estadística incluye a 30 chicos de entre 2 y 15 años asesinados en esos seis años.

Con Soledad, o Pamela, son 31 los casos. Sólo este año otros 13 chicos salvaron su vida de milagro. El 1° de marzo pasado la tragedia rondó también a tres pequeñas. Tres hombres en un auto que ocultaban sus rostros con cascos de motociclista dispararon a mansalva contra un grupo de vecinos del barrio Alvear. La gente disfrutaban el aire en la vereda en un atardecer caluroso.

Una chica de 16 años, vinculada con el negocio de drogas, y un hombre de 50, fueron asesinados. Pero además fueron alcanzadas por las balas tres nenas de 5, 8 y 9 años. Milena, la más pequeña, se llevó la peor parte: un plomo impactó en su cabeza. Zaira L. y Zaira T. sufrieron heridas en las piernas.

Se presume que en ese ataque feroz se utilizaron ametralladoras. Once personas terminaron heridas. Un milagro evitó que la masacre tuviera consecuencias peores. Unas 30 personas estaban en la vereda, muchos de ellos niños que jugaban ajenos a todo.

La hipótesis principal de la investigación, otra vez, apunta a una disputa narco. La joven asesinada fue rematada en el piso por uno de los sicarios. Ella tenía antecedentes vinculados con la venta de drogas. Los vecinos testimoniaron que es habitual el comercio de estupefacientes en la zona. El martes 23 de abril, en ese mismo lugar, fueron heridos a balazos tres jóvenes de entre 19 y 22 años. La guerra en el barrio que tuvo entre otras víctimas a tres niñas parece continuar.

Los otros casos registrados este año en los que terminaron como víctimas menores de edad tienen motivaciones semejantes: disputar el territorio, exhibir poder, marcar la ferocidad de la que son capaces las bandas. En algunos casos, incluso, utilizando a chicos tan pequeños como los que terminan heridos.

El 11 de enero Alexis (8) jugaba con un grupo de amigos y vecinos en un pasillo de Rouillón al 4600. Dos personas que se movilizaban en moto se detuvieron cerca de la vía y dispararon una veintena de veces contra la casa del chico. Algunos testigos afirmaron que uno de los tiradores parecía ser un adolescente. A Jandel (4) le sucedió algo parecido. Jugaba en la puerta de su casa, en el barrio Tablada, cuando una bala le rozó la cabeza. El tirador tenía 20 años y fue atrapado.

Pero el peligro no está sólo en la calle. Los hermanos Isaías (9) y Lautaro (13) miraban un partido de fútbol en la televisión. Estaban en la casa de sus abuelos, en la zona sur. También fueron atacados por dos personas que se movilizaban en moto. Los tiros atravesaron la puerta del hogar y los hirieron. El mayor sufrió una fractura en el fémur. Al pequeño el proyectil le rozó la cara. “Se equivocaron de casa”, repetía el abuelo ante los medios. Los vecinos, una vez más, vinculaban el episodio con un búnker de drogas ubicado en cercanías de la vivienda atacada, ajena a esa disputa entre grupos delictivos.

Renata (3) también pudo haber muerto. En su caso terminó herida en la mano por un disparo cuando jugaba en la vereda. El episodio que la tuvo como víctima ocurrió frente a una propiedad de Colón al 3800, en la zona sur de Rosario. El trasfondo narco, en ese ataque, parece desprenderse de los antecedentes inmediatos ocurridos en la misma vivienda. En marzo de 2018 el abuelo de Renata y otros dos hombres fueron acribillados por un grupo sicario. En el lugar funcionaba un búnker y el hombre tenía antecedentes por la venta de estupefacientes.

Jael (1), Naira (10) y Nahuel (14) sufrieron heridas de bala, pero salvaron su vida de milagro. Pamela no tuvo la misma suerte. Por su muerte hay un joven de 20 años que fue reconocido como uno de los tiradores y fue imputado. Otros cuatro hombres que participaron del ataque permanecen prófugos. Los sueños de Pamela se apagaron con una bala.

Otros 13 chicos que fueron dañados por un plomo intentan seguir adelante con sus proyectos. Cada cara, cada caso, cada una de estas historias, permiten dibujar el rostro más cruel de la violencia.

Fuente: Clarín
Este año ya hubo 14 casos

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