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IMPACTANTE SECUESTRO

Encontraron una gran plantación de marihuana en un predio el ejercito

Fue a la vera del río Paraná, luego de que Prefectura Naval observara una gran cantidad de plantas de cannabis sativa.

Huellas en un camino que, aparentemente, no conducía a ningún lugar. Eso fue lo primero que llamó la atención a la patrulla de Prefectura que, desde las aguas del río Paraná, vigilaba esa sinuosa zona de la Triple Frontera rodeada de la imponente selva misionera. Siguieron los pasos y llegaron a la cima de un cerro, a unos 1500 metros de la costa, en lo que se conoce como Puerto Península. Allí, en ese enorme predio que pertenece a la Brigada de Monte del Ejército Argentino, se toparon con media hectárea despejada entre la espesura de la exuberante selva paranaense: media hectárea de una plantación de marihuana.

Los prefectos secuestraron ahí, a la altura del kilómetro 1905 del río Paraná, 1810 plantas de cannabis sativa; al menos un centenar de ellas ya habían sido cortadas y estaban dispuestas para su secado, paso previo al picado, prensado y empaquetado para el tráfico. No hay aún personas detenidas por este causa, encabezada por el juez federal de Eldorado Rodolfo Saldañas.

Pero la pesquisa continúa, en estricto secreto. Es que una de las hipótesis que manejan los investigadores es que el hallazgo dejó al descubierto una "prueba piloto" de narcos paraguayos: plantar directamente en suelo argentino, al otro lado del río, para evitar uno de los puntos críticos de su rutina de tráfico, que es el cruce de la mercadería de orilla a orilla a través de barcazas.

Como ejemplo, antes y después del descubrimiento del sembradío descubierto en Puerto Península, la Prefectura había asestado dos golpes a los traficantes guaraníes: el 10, personal del guardacostas de frontera GC-197 Timbú detectó, gracias al uso de cámaras térmicas, el paso de una embarcación que por la noche atravesaba el río en el kilómetro 1757 del Paraná, a la altura de la localidad misionera de Puerto Rico. Con los uniformados pisándoles los talones, los narcos dejaron abandonados varios bultos: contenían 1000 kilos de marihuana, suficientes para 2.900.000 dosis en el mercado minorista.

Cinco días después, efectivos embarcados en el Timbú también advirtieron movimientos en un camino que serpenteaba cerca de la costa, a la altura del kilómetro 1610 del Paraná, esta vez, en Santa Ana. Cuando hicieron tierra ya no encontraron a los sospechosos, pero sí varios paquetes que encerraban 438 kilos de cannabis sativa.

Los mayores cargamentos que entran en el país desde Paraguay tocan tierra en Misiones y Corrientes, y desdee ahí se despliega la distribución para el mercado de narcomenudeo local. Se da por sentado que los narcos cuentan con una importante logística en territorio argentino para "mover" la droga. Esa logística no estaría exenta de complicidades de autoridades, como se vio con el caso de la "narcopolítica" que empujó tras las rejas al intendente de Itatí, Roger Terán, y al de Empedrado, Juan Manuel Faraone, ambos jefes de localidades correntinas recostadas sobre el Paraná y permeables al contrabando de sustancias. En el radar quedaron, incluso, funcionarios del Poder Judicial, como el recientemente detenido juez federal de Corrientes Carlos Vicente Soto Dávila.

El secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, ponderó el operativo realizado por la Prefectura el jueves de la semana pasada en esa zona de monte tupido del Parque Nacional Iguazú. En los últimos años las autoridades tomaron conocimiento de pequeñas plantaciones de marihuana en terrenos fiscales y privados desde Iguazú hasta El Soberbio, muy cerca de los majestuosos Saltos del Moconá.

En muchos de esos casos se trató de pequeños productores locales que, en sus chacras, alternaron cultivos de maíz o mandioca y de cannabis sativa. Aunque ninguna de las investigaciones ulteriores avanzó mucho más allá, en aquellas ocasiones no se descartó que bandas del crimen organizado brasileño estuvieran detrás de los sembradíos, como financistas del alquiler de los terrenos y de la posterior logística de distribución.

Con todo, se trata casi de una aguja en un pajar, si se tiene en cuenta que en la zona de Juan Pedro Caballero, Itapúa y Alto Paraná, en Paraguay, cada año se levantan tres cosechas de cannabis en producciones que alcanzan unas 21.000 hectáreas.

La zona del Parque Nacional Iguazú, por su vastedad, se ha convertido en blanco de los intrusos. No pocas veces los guardaparque han mantenido enfrentamientos armados con contrabandistas y traficantes o cazadores furtivos (en especial, de yaguaretés); de hecho, en las Cataratas del Iguazú uno de sus 275 saltos lleva el nombre del Guardaparque Bernabé Márquez, muerto hace 51 años, el 14 de abril de 1968, a manos de una partida de ladrones de palmitos y cazadores.

En ese contexto, la zona de Punta Península, a la que se llega tras recorrer un intrincado laberinto de caminos y picadas entre la selva paranaense, se volvió, ahora, territorio fértil para las intrusiones y, eventualmente, para la siembra de marihuana. Según publicó ayer un portal de noticias, el año pasado el Ejército denunció ante el Juzgado Federal de El dorado "in­di­cios de ac­ti­vi­da­des irre­gu­la­res a un ki­ló­me­tro de don­de fue en­con­tra­da la plan­ta­ción" de cannabis el jueves de la semana última. De­ta­lla­ron que "se en­con­tra­ron tram­pas y tala de ár­bo­les".

Zona abandonada

El predio del Ejército en Puerto Península donde se encontró, el 11 de este mes, la plantación de cannabis sativa, es la sede de la Escuela de Monte XXII. En 1950 la fuerza instaló ahí un aserradero, aprovechando la gran cantidad y buena calidad de la madera del monte nativo, cuyos rollizos eran enviados por el río. Allí funcionaba una carpintería; el Ejército se proveía de muebles, ventanas, cabreadas y pisos para obras y cuarteles que hoy se ven en todo el país.

El personal directivo eran militares; los obreros, militares y civiles. Era prácticamente una pequeña ciudad que tenía escuela, e incluso en Puerto Iguazú todavía hay habitantes nacidos y criados allí.

Pero hoy eso es pasado. Un oficial en actividad que también hizo el curso de comando en la Escuela de Monte : "La Argentina se encargó de destruir todo eso; hoy apenas un pequeño puesto de guardia custodia el acceso y después algún galpón se utiliza para guarda de objetos. Además, hay un par de pistas de instrucción para los montaraces".

Precisó el oficial, en estricto off the record: "El predio es tan grande que es imposible de controlar con los medios actuales, mínimos, con los que cuenta la Escuela de Monte, que a la vez tiene su propio cuartel en el acceso a Puerto Iguazú. En la inmensidad de la selva encontraron eso que algunos intrusos sin control plantaron, lamentablemente".

Las au­to­ri­da­des de la Escuela de Monte re­co­rrie­ron la zona de Punta Península. Ese predio es parte de las casi 7000 hectáreas de monte que utiliza el Ejército como campo de instrucción para los efectivos que hacen el curso para obtener la aptitud especial de Monte. El control del área, en la que se suelen hacer continuos pa­tru­lla­jes, es de difícil ac­ce­so y el control es complicado.

Fuente: LA NACIÓN
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