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JUSTICIA

Victor Hortel:
Ideología y jueces/zas

Por Victor Hortel

Si una ideología es un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad, época, movimiento cultural, religioso o político, no solo debemos reconocer que todxs tenemos una ideología, sino que debemos desconfiar de quien argumente carecer de ella, porque una de dos, o es un cínico impostor o un pelotudo a tiempo completo.

El fin de la historia profetizado por Francis Fukuyama, descansaba en la hipotética desaparición de las ideologías, las que serían reemplazadas por el racionalismo político, la desmitificación del Estado y una sobrevaloración de la tecnocracia.

Ahora bien, si nos ubicamos a resguardo de quienes lo único que persiguen es la imposición de la ideología neoliberal, y confunden interesadamente y de mala fe, su indiscutible vigencia circunstancial con el destino manifiesto de la humanidad, será oportuno aclarar que los ataques dirigidos contra las ideologías, y los pronósticos de su dolorosa agonía e inevitable desaparición, han resultado no aptos para tal finalidad.

Cuatro, son las acepciones históricas del vocablo “ideología”, diversas de la que defendemos; tres de ellas de naturaleza peyorativa.

La más antigua, alude a la “ciencia de las ideas” y fue acuñada por Antoine Louis Claude Destutt de Tracy[i](1754-1836), filósofo sensualista quien llego a la conclusión de que las ideas se componen de sensaciones, por lo que pensar equivaldría a sentir. La teoría decayó hacia la primera mitad del siglo XIX.[ii]A Francis Bacon[iii], precursor del “empirismo[iv]”, corresponde la segunda. Bacon, llamó “ídola” a las nociones erróneas que dificultan el hallazgo de la verdad y que provienen de la condición biológica, individual o social del hombre. Universalizada por el racionalismo, la noción de “ídolo” o “prejuicio”, adjudicada a todas las creencias y tradiciones, derivó en “ideología”, con la carga negativa que era de esperar en la nomenclatura posterior de las ciencias sociales.

El tercer significado desdoroso, proviene de Karl Marx, para quien el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de existencia social, política y espiritual, a partir de lo cual, las superestructuras, esto es, las instituciones y las ideologías, son meros epifenómenos, resultantes de algo básico y previo, que son las relaciones de producción[v]. Según esta corriente de opinión, la filosofía, el derecho, la moral, el arte y la religión consisten en subproductos que reflejan, subliman o justifican meros intereses de grupo; de modo tal que las formas estéticas serian manifestaciones derivadas de las tensiones producidas en la estructura económico-social, estructura que, desacreditada por el análisis marxista, hubo de arrastrar en su desvalorización a las ideologías.

La acepción más oscura, conjuga una suma de factores negativos. Según ella, la “ideología” es una filosofía política simplificada y vulgarizada, una proyección popular y practica de un sistema de ideas, nacida “para uso de los estratos más ínfimos del género humano”, “algo concebido para los mercados suburbanos del pensamiento”, “la antecámara de la acción colectiva”, “la espuela de los movimientos sociales”, en palabra de los franquistas españoles[vi].

Para nosotros, “ideología”, es un conjunto de ideas, con una filosofía práctica más o menos deudora de uno o varios sistemas filosóficos; en suma, con una visión de la realidad circundante que otorga cierta coherencia al pensamiento y al obrar individual. Sin dogmatismos, sin sacralización. En resumen: Ideología sin ideologismo.

Consecuentemente, toda persona de ideas resulta portadora de una determinada ideología, por lo que asume posturas en cada una de las encrucijadas por la que atraviesa su vida.

Negar esta circunstancia, responde a la intención de lograr la “unanimidad” en lo político, lo que resultaría ser el fin del pluralismo ideológico y de la posibilidad de disentir.

Todos y Todas, estamos tomando partido todo el tiempo. Ello implica que, consciente o inconscientemente, tenemos, además de una ideología, una determinada concepción del derecho y la justicia.

Al igual que todo/a peronista de bien, comprometido/a con sus semejantes, repudiamos la dolorosa realidad de la injusticia de los repartos y anhelamos una paz social autentica.

En lo personal, como tantos otros hombres o mujeres del derecho, buscamos siempre la posibilidad de incidir positivamente, desde el campo jurídico, en la cristalización de nuevos y mejores modos de relación intersubjetiva, con base en la conjugación de los valores de la libertad, la igualdad y la solidaridad, utilizando primordialmente los cauces pacíficos, en pos de la ideal eliminación de las violencias; todo ello, como condición para arribar a una auténtica convivencia democrática.

En este punto, cabe señalar que nuestra Constitución Nacional, en tanto conjunto heterogéneo de ideas resultantes del encuentro de representantes de diversas corrientes filosóficas y políticas, también supuso una ideología, en tanto constituyo una toma de posición conjunta en la que se consagran los postulados –compartidos por todos o al menos por la generalidad- en una época y un ámbito geográfico determinado.

Ya enseñaba Duverger[vii]: “La mejor Constitución es aquella que no satisface plenamente a todos los grupos políticos, pero que tampoco les disgusta totalmente”.

Nuestra CN, nutrida originariamente por el sistema de ideas conocido como liberalismo clásico, acuso el impacto, primero del Peronismo y la “Constitución del 49”, con sus nuevos aires del “constitucionalismo social” y luego por el Movimiento de los DDHH, a partir de la reforma constitucional de 1994, que incorpora un nuevo orden público internacional, con la universalización de tres categorías discernibles de Derechos Humanos.

De tal forma, haber jurado fidelidad a la Constitución Nacional implica más que un acto social o adhesión protocolar. Jurar fidelidad a la CN impone el compromiso de constituirse, tanto en actores respetuosos, como en vigías celosos, de las reglas básicas que se orientan a la promoción integral de todxs lxs individuxs sobre lxs que rige.

Luego, los modernos Estados democráticos, acuerdan en asignarle al Derecho una nueva función, cual es, la de estimular las conductas progresivas y transformadoras, con la correlativa obligación para todxs lxs actorxs políticxs y sociales, de tomar conciencia de los nuevos horizontes trazados, asumiendo a fondo la realidad social actual y contribuir, decididamente, a su positiva transformación.

En conclusión, todxs somos “animales políticos” en el sentido aristotélico del término, un/a individux con ideas propias o tomadas a préstamo; con un saber teórico y con un bagaje técnico, una intuición y sentimientos personalísimos. Claramente no estamos libres de atavismos ni de preconceptos. Nos alcanzan e invaden conocimientos y vivencias propios del entorno social y del momento o momentos históricos en que nos toca vivir.

Quienes hablan despectivamente de la “ideología” o nos critican severamente de “ideologizar” ciertos temas, parten de la hipótesis de que la política es indigna.

Quienes hablan despectivamente de la “ideología” y “la política”, o son adversarios de la democracia o están en contra de la toma de conciencia colectiva.

Como “animales políticos”, debemos generar confianza –sea que seamos muy progresistas, progresistas, poco progresistas o conservadorxs- debemos estar atentos a la voz del pueblo y mantener una visible coherencia con nuestro perfil ideologico y nuestra impronta ciudadana, dentro del amplio espectro del ideario democrático.

Debemos marcar una clara diferencia, con lxs pretendidxs seres “a políticxs” o “desideologizadxs”, históricamente destinadxs a ser ministrxs y empleadxs favoritxs del amo imperial o monárquico, o –como ya se dijo- simplemente pelotudxs a tiempo completo.

Aquí, cambio el ángulo y me pregunto: y los/as jueces/zas, tienen ideología?, y voy más allá, ¿Qué tengan ideología implica que no sean independientes?

Si es cierto lo que se viene diciendo, no cabe duda alguna que SI la tienen.

Negar esa realidad y pretenderlo aséptico, e incontaminado es un desacierto, que intenta ocultar los condicionamientos sociales, económicos y culturales existentes en todo ser humano.

Ahora bien, que los/as jueces/zas tengan una ideología, no obsta necesariamente, a un proceder insospechable en cuanto al análisis fáctico que deba realizar y a la valoración objetiva de circunstancias que completen ese análisis, de cara a un caso concreto.

Y así, es saludable, que el Poder Judicial –en cualquiera de sus expresiones- verifique en su integración, a personas con diversas ideologías, variados conjuntos de ideas o distintos métodos o criterios para la toma de posición; claro está, en tanto tal pluralidad y multiplicidad, se encuentren contenidas en el amplio espectro democrático previsto por nuestra CN.

El Profesor Felice Battaglia, sostiene que para comprender lo que sucede con una sociedad durante un período crítico, es de gran utilidad el examen de las sentencias de sus jueces. Me atrevo a agregar –tal vez de modo insolente- que también sirve analizar las conductas y las declaraciones de magistrados y magistradas.

El problema se presenta, cuando –como ha ocurrido y ocurre en nuestro país- jueces, juezas, fiscales, fiscalas y hasta defensores oficiales- expresan en su actuación profesional, actos en general y declaraciones, una ideología contraria a la Magna Carta. Tal es el caso de aquellxs magistradxs y funcionarixs del Poder Judicial, que se constituyeron en protagonistas principales del proceso de “Lawfare”.

Luigi Ferrajoli[viii], describe al Lawfare como “una agresión judicial a la democracia”; por ello se afirma que el Lawfare vulneró drásticamente al Estado de Derecho.

Debemos recordar en este sentido que: “La categorización histórica-jurídica del Estado de derecho constituye la consagración de un proyecto ideológico que tuvo por objeto asegurar la libertad y especialmente, la seguridad de los individuos, mediante la demarcación de los límites entre el poder y la prepotencia, la discrecionalidad y la arbitrariedad […]En rigor, representan más que un mero límite, ya que constituyen el propio fundamento del sistema democrático y constitucional. La protección trasnacional refuerza esta perspectiva, al presentarse como una instancia internacional de protección de los derechos fundamentales, dada la real posibilidad de que los Estados incumplan los compromisos internacionales asumidos en los tratados regionales y universales de derechos humanos” (DUHALDE, Eduardo Luis. “El Estado Terrorista Argentino”. Ed. Colihue, CABA 2014, pág. 51).

Resulta significativo que la corporación judicial que mantiene absoluto silencio frente a estos casos, como también conserva un mutismo vergonzante frente a otro importantísimos asuntos [como ejemplo sólo me refiero a tres de actualidad]: a) la CSJN que clausuró el funcionamiento de la Comisión Inter-poderes para los Crímenes de Lesa Humanidad durante los cuatro años de gestión macrista; b) a la situación de los tres jueces desacatados de Comodoro Py; c) el fallo de un Tribunal Oral que llama sicarios a lxs médicxs que garantizaron el acceso a la interrupción legal del embarazo (ILE) a una niña abusada sexualmente; levante vibrante su admonitoria voz, denunciando una campaña de desprestigio, cuando se intenta clarificar a la ciudadanía acerca de cuánto cobran o si cumplen con el pago del impuesto a las ganancias.

La corporación judicial, debería entender que su mayor desprestigio proviene de su interior, de esxs jueces, juezas, y/o funcionarixs, que expresan y corporizan una “ideología” contraria a la CN, la Democracia y el Estado de Derecho.

[i]https://es.wikipedia.org/wiki/Destutt_de_Tracy

[ii]Antoine Louis Claude Destutt de Tracy. “Elementos de Ideología”. (1815).

[iii]https://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Bacon

[iv]https://es.wikipedia.org/wiki/Empirismo

[v]Marx, Karl. “Introducción general a la Crítica de la Economía Política, Pasado y Presente, Córdoba. 1970.

[vi]Fernandez de la Mora, Gonzalo. “El crepúsculo de las ideologías”. Edicol. Bogota. 1973.

[vii]https://es.wikipedia.org/wiki/Maurice_Duverger

[viii]https://es.wikipedia.org/wiki/Luigi_Ferrajoli

Fuente: IDENTIDAD COLECTIVA Autor: Victor Hortel
JUSTICIA

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