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#24M

LEONEL PANNONI:
LOS RESORTES DE LA HISTORIA

Por LEONEL PANNONI

Ese otoño dejó una impresión vívida en mí. La visita al Museo Sitio de Memoria ESMA, donde funcionó la Escuela de Mecánica de la Armada y uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio más importante durante la última dictadura, me dejó huellas imborrables.

La describo como vívida porque cada vez que la memoria evoca esos recuerdos puedo revivir las sensaciones de aquella visita como si pudiera trasladarme al lugar y recorrerlo de nuevo.

Cada rincón ha quedado impreso en el recuerdo, desde la residencia del Vice Almirante Chamorro, ubicada dentro del mismo edificio del Casino de Oficiales, y a través del relato del guía, su hija adolescente tratando de explicar a una amiga que insistentemente le preguntaba dónde llevaban a esas personas, pasando por los distintos niveles de tratamiento, Capucha, Capuchita, Pañol, hasta el subsuelo y la explanada a la que eran llevados para ser "trasladados" a Aeroparque y desde allí a su destino final en las aguas del Río de La Plata... todos los rastros del horror.

Por ese lugar pasaron 5.000 almas de detenidos desaparecidos, en ese lugar madres eran separadas de sus hijos recién nacidos a los que nunca más volverían a ver...

Pero hay un elemento que siempre se hace presente y ocupa el centro de mi memoria. En setiembre del año 1979 una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos llega a la Argentina, recibe miles de denuncias, se entrevista con el gobierno de facto, y visita, entre otros centros de detención, la ESMA.

Para esa oportunidad el edificio había sido especialmente preparado para ocultar los crímenes que allí se perpetraban, incluido el ascensor con el que eran conducidos los detenidos a los pisos superiores.

En las denuncias se describe el método de traslado a través del ascensor, y no es sino mucho tiempo después, merced a las políticas de Estado llevadas a cabo por los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner y a la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, que comienza a descubrirse la verdad en el marco de las investigaciones judiciales.

La Naturaleza también hizo su parte. Por efecto de la humedad a causa de la diferencia de temperatura en las paredes comienzan a aparecer los rastros de lo que fueran las puertas de ingreso al ascensor, y finalmente se descubre lo que confirma su existencia despejando toda duda: en el subsuelo, detrás de la pared que lo ocultaba, aparece a la luz el sistema de amortiguación de dicho ascensor.

Guardo una imagen casi palpable de esos "resortes" hoy exhibidos como prueba del horror detrás de un cristal, y me despierta la misma reflexión, la que desde hace mucho me acompaña frente a los horrores sociales que siguen perpetrándose con total impunidad: la verdad es hija del tiempo.

Más tarde o más temprano los resortes de la Historia salen a la luz y nos desafían a asumir el horror, el crimen, el genocidio, demandando una respuesta, un compromiso con la verdad. Es ese el punto en el que la Historia nos da la oportunidad de cambiar, de elegir con responsabilidad y con participación activa qué camino queremos seguir, qué destino queremos para nuestra sociedad, qué futuro queremos para nuestra descendencia.

Hoy, 24 de marzo, nuevamente decimos "Nunca más", porque nos insta la Historia a renovar nuestro compromiso como herederos forzosos de los rastros materiales que dan cuenta de la verdad, pero fundamentalmente de los padecimientos y muertes de miles de compatriotas víctimas de los crímenes de lesa humanidad cometidos en nuestro país, asumiendo el desafío de la defensa irrestrica de los derechos humanos para el futuro, para siempre.

PARA SIEMPRE NUNCA MÁS.

Fuente: OPINION Autor: LEONEL PANNONI
#24M

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